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Un mundo absorto por la tecnología: Crítica de los nuevos medios

Revista Umělec 2009/1

01.01.2009

Palo Fabuš | essay | en cs de es

Quizá no exista un concepto más problemático que el de la novedad. A pesar de su ambivalencia, aglutina a su alrededor una gran cantidad de palabras, frecuentemente no expresadas. Lo nuevo siempre significa sobre todo la posibilidad de lo nuevo, la posibilidad de aceptar lo nuevo. Trae consigo una esperanza, una oferta de adoptar algo diferente y desconocido hasta el momento, que con una probabilidad sin especificar sea algo mejor de lo que es lo actual.
No obstante, lo nuevo también es lo inexplorado, lo inseguro, lo no verificado. Su contenido lo cobra de su contexto y siempre está en el proceso del envejecimiento, es decir, de la verificación. Y como este camino hacia lo no-nuevo lleva por un campo de posibilidades, la forma de lo nuevo – aunque no necesariamente de forma dramática – cambia constantemente y la proporción de los rasgos originales paulatinamente va reduciéndose al mismo tiempo que va cobrando rasgos no previstos. Al final del camino, lo no nuevo tiene una forma estable, y por primera vez en su existencia, relativamente sólida. Las originalmente predominantes posibilidades han “endurecido” hasta lo necesario y se han conservado sólamente como una fina capa en la superficie.
Ya hace algún tiempo que se puede constatar que también el ámbito de la cultura, en donde el atributo de nuevo fue elevado a la función de programa, ha llegado a su etapa no-nueva. Los nuevos medios ya no son nuevos. Y, entendámoslos como un area de la cultura, un conjunto de tecnologías, un campo de estudios, un discurso específico o una forma de arte, su base y catalizador fue una ideología, cuyo potencial lleno de esperanza en gran parte ya se ha extinguido. Y probablemente será en el ámbito de lo que llamamos el arte de los nuevos medios donde esto tendrá la mayor validez. 1 Volvamos por ello atrás y veamos en qué consistía esta ideología, de dónde sacaba su motivación, pero ante todo, por qué, tras una ola de entusiasmo, al final se apagó.
No sorprende que la pregunta de la “muerte” de los nuevos medios no se plantee demasiado a menudo o en voz alta. El anterior entusiasmo por los nuevos medios, hoy ya insípido, fue más bien silenciosamente abandonado que tajantemente yugulado, tal y como suele suceder en las tendencias y asuntos de moda. Los nuevos medios, no obstante, siempre se han colocado a sí mismos más arriba, sobre las tendencias comunes y superficiales. Según sus propias visiones iban a anunciar un nuevo paradigma artístico y consecuentemente cultural. ¿Cuál será, entonces, la causa de que nada así haya sucedido?
Según Geert Lovink el problema está en que los nuevos medios nunca traspasaron su propio marco y permanecieron siendo un área cerrada y auto referente.2 Por ello no es sorprendente que el poco interés de las instituciones culturales del mainstream se haya convertido, en el campo del arte de los nuevos medios, en el objeto de un “sentimiento que regresa constantemente”. 3 Esta presunta indiferencia suele explicarse por motivos institucionales,4 comparaciones históricas de cuán lenta era la aceptación de la fotografía y el videoarte por la corriente artística principal,5 y por la ambivalencia del mismo término “nuevos medios”.6 Sin embargo, nunca nadie ha buscado el problema de los nuevos medios dentro de ellos mismos.
Como veremos más adelante, la alegación sobre la ignorancia de los nuevos medios por la corriente principal es cierta sólo parcialmente. No obstante, la posición y el significado de los nuevos medios, que se colocaban a sí mismos importantemente en el futuro, no se pueden entender sin un esbozo del espíritu de la época en la que nacieron. Los sociólogos e historiadores hablan sobre la culminación de procesos históricos, cuyo carácter se ha fundido para nosotros en lo cotidiano. Por ello tenemos una tendencia a ignorarlos e ignorar así importantes elementos constitutivos de la situación actual, en la que el arte de los nuevos medios es sólamente una de sus expresiones sintomáticas. La pregunta por la posición y la importancia de los nuevos medios es por ello sobre todo una pregunta para los historiadores. 

Los nuevos medios a la luz de la historia
Los nuevos medios, especialmente en los tiempos de sus comienzos en la época de la rápida democratización de las tecnologías informáticas, estaban asociados con un importante cambio histórico, una revolución cultural, con la promesa de algo mejor. La ideología que creció alrededor de ellos estaba desde un principio basada en unos fundamentos poco firmes: bloquearon totalmente la vista de la historia socio-cultural, en cuyo trasfondo los nuevos medios sobresalen – parafraseando a Marshall McLuhan – como un dibujo en el revestimiento de una bomba atómica.
Las teorías de la época actual, a veces señalada como modernidad tardía, se vuelven hacia los procesos que comenzaron en los siglos 17 y 18 con un rechazo progresivo de los dogmas por parte de las nacientes ciencias naturales. Estas nuevas posturas, junto con los cambios del clima político y de las instituciones sociales, acompañaron la entrada del capitalismo. El sociólogo británico Anthony Giddens identifica tres tipos de discontinuidades en este cambio de las sociedades tradicionales hacia las modernas: 1) el crecimiento de la velocidad de los cambios, 2) su alcance (mundial), y 3) el carácter de las instituciones modernas (nuevas formas sociales como por ejemplo el estado nacional).7 Y en primer plano resalta, junto con las preguntas por el sentido de la historia, la idea del progreso como obra del hombre. 8 Con una expresiva contribución de la ética protestante aparece una nueva ética caracterizada por la “vuelta hacia el mundo”; la postura básica hacia el mundo es “su conquista”.9 La personalidad se interioriza y la vida se sistematiza, el énfasis se pone en la autodisciplina, el trabajo constante y el comportamiento racional.10 La hasta ese momento prevaleciente orientación hacia el pasado en la forma de la interpretación de las tradiciones retrocede importantemente frente a la vuelta hacia el futuro.11 Con la implementación del tiempo del reloj mecánico y del dinero como un “trabajo congelado” se separan las relaciones de tiempo y espacio y los sistemas sociales así organizados se liberan de sus contextos originales para renovarse al mismo tiempo en una estructura nueva.12
La comunicación y el mantenimiento de relaciones ya no se efectúa necesariamente cara a cara, por lo cual el espacio es cada vez más “fantasmagórico”. 13 Esto exige de los miembros de la sociedad una confianza cada vez mayor en las instituciones y sistemas con los que no adquieren una experiencia directa. La cada vez más intensiva polaridad de la confianza y el riesgo, las oportunidades y las amenazas, lo local y lo global, penetra en todos los aspectos de la vida cotidiana14 e intensifica la necesidad de la reflexión, lo que significa que la práctica social es constantemente analizada y reformada a la luz de los conocimientos de esta práctica.
Hoy ya estamos viviendo unas formas radicalizadas de estos procesos. La racionalización en la forma de la actual ciencia y tecnología, la “reflexividad”, que afectan no sólamente a las condiciones de la vida cotidiana de la sociedad entera, sino también a las del individuo, representan un importante constituyente de la sociedad actual, del que se derivan otras características.
El brusco desarrollo económico y la gradual reducción del número de horas de trabajo llevan después de la segunda guerra mundial hacia el “descubrimiento” del tiempo libre. Surge así un suelo fértil para la llegada de un medio nuevo, la televisión, y para la vuelta hacia la calidad de la vida propia en forma de sensitividad terapéutica en los años 60. La gente empieza a hablar y vestirse en público como si estuviera en casa y tiene cada vez más tiempo para el consumo de la cultura masiva y para la exploración de sí misma. “La postmodernidad se convirtió en una época de relajamiento.” 15 La vida interna es racionalizada por la construcción de sueños falsos y el escape de la realidad, que es posible en esa proporción sólamente dentro de la cultura masiva, con lo que se nutre el hambre de ésta.
La conversión de la cultura visual en un artículo mercantil que se refuerza mutuamente con la “estetización” de la vida cotidiana lleva a la “sociedad del espectáculo” y la “reflexividad” culmina con un fenómeno que Christopher Lasch denomina como la “narcisación”. Lasch nota que mientras que en los siglos 18 y 19 el retrato servía como un signo de posición social y como la documentación de la existencia individual, la accesible tecnología fotográfica (y posteriormente de video) proporciona un medio de autoexploración constante, crea una adicción narcisista al consumo de imágenes de uno mismo y una reevaluación de la realidad del mundo exterior. 16
Para el narcisismo es típico el carácter de representación. La sociedad moderna percibe el yo como a un representante que está bajo la supervisión permanente de amigos y gente ajena.17 La tendencia social a acentuar el estilo en la forma de una presión estética es omnipresente. El cambio de la producción de mercancía hacia la producción de imágenes hace del arte una cosa cotidiana, con lo cual se disuelven cada vez más las fronteras entre el arte alto y el arte bajo, entre el representante y el miembro del público. El “público disperso”, es decir ese público cuyos miembros somos todos y lo somos constantemente, hace de la vida cotidiana una representación constante.
En esta situación entra la tecnología digital, a la que desde el principio se le atribuye un poder benéfico. La divulgación masiva de la tecnología del ordenador personal en los años 80 confirmada por el surgimiento de la WWW a principios de los años 90 representa un doble impulso para la ideología que prolifera tanto en el área cultural, como en la económica y política. Se están invocando nuevamente las visiones indomables sobre la descentralización y sobre un desarrollo brusco de la democracia, están reviviendo las ideas de Marschall McLuhan sobre la “aldea global” de los años 60. No escasean términos como revolución, sociedad nueva o cultura nueva. 18
Las consecuencias no planeadas de esta ideología, que Jaromír Volek denomina como “ideología de comunicación”, pronto salen a la luz. La tensión a largo plazo, característica para la modernidad, se manifiesta aquí con una discrepancia entre la anunciada integración social, la asimilación cultural y las normas tradicionales de la comunidad por un lado, y la tendencia hacia la diferenciación social y la diversidad cultural por otro. 19 El rasgo clave lo encuentra Volek en la comunicación como tal, que se ha convertido “ella misma en una virtud social.” 20 
El entusiasmo original disminuye parcialmente en el nuevo milenio con la quiebra masiva de las compañías de Internet en el año 2000, la caída del mito del “Internet sin fronteras”, la censura del contenido de la red en los países no democráticos y los crecientes casos de abuso de las tecnologías informáticas como tales. No menos importante es que desde el principio de los años noventa salen en primer plano nuevos problemas globales, como es la “guerra contra el terrorismo” o el calentamiento global.
Las grandes ideologías son cuestión del pasado y cada imperativo o autoridad nueva sólamente se convierten en otro objeto para poner en duda. La prioridad es la libertad y la realización personal. El hombre actual se encuentra en un mundo saturado de posibilidades, y la magia de la novedad, este recipiente de posibilidades, es reencarnada de nuevo, otra vez con tono tecnológico.

La atracción tecnológica
“Aunque fuera una conocedora de la cibernética, [Agnes] no tenía ni la menor idea de cómo explicarse qué es lo que está pasando en la cabeza técnica de esa máquina, que le era igualmente ajena y opaca como el mecanismo de todos los artefactos con los que estaba a diario en contacto, desde el pequeño ordenador colocado al lado del teléfono hasta el lavaplatos.
Goethe, en cambio, vivió en ese corto período de la historia cuyo nivel tecnológico ya otorgaba a la vida cierta comodidad, pero en el que el hombre culto aún podía entender todos los artefactos que utilizaba. Goethe sabía de qué y cómo estaba construida la casa en la que vivía, sabía por qué daba luz la lámpara de petróleo, conocía el principio del telescopio (...) El mundo de los artefactos tecnológicos era comprensible para él y completamente descubierto a su vista.” Milan Kundera, La inmortalidad.
La opacidad y el atractivo de las tecnologías avanzadas es la causa de que éstas suelan ser comparadas con la magia, tanto en la literatura de ficción como en la técnica. Recordemos sólamente una de las conocidas “leyes” del escritor Arthur C. Clarke, según la que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Arnold Gehlen ve el fundamento antropológico que supuestamente es el responsable de esto en un automatismo inherentemente presente en la naturaleza, es decir, en un mundo fenomenalmente percibido como un ciclo automóvil. 21 Al fin y al cabo uno de los santos griales más buscados de la tecnología fue, hasta el descubrimiento de las leyes de la termodinámica, el perpetuum mobile. La magia de la tecnología como un esfuerzo materializado de la razón tecnológica, no difiere en principio del asombro ante la evolución comprobada por la naturaleza, de la que en el mundo tecno-científico solemos olvidarnos.
La abstracción de la tecnología, no obstante, no afloró en la historia aisladamente. Como ya hemos dicho, la vasta racionalización llevó no sólamente hacia el desarrollo de las nuevas tecnologías, sino también hacia la intelectualización en unas esferas puramente espirituales del arte y las ciencias. La decadencia de la claridad, la espontaneidad y la accesibilidad sin problemas ocurrió no sólamente por parte de las tecnologías resultantes como artefactos y procedimientos, sino también por parte de su origen. Ya en el siglo 19 el papel del inventor como individuo creativo es apartado al margen de la cabalgante era de progreso o a la reserva de la literatura y el cine en la forma de científicos locos y viejitos distraídos. El desarrollo tecnológico es, ya desde hace mucho tiempo, una cuestión de equipos de investigación gigantescos con tareas divididas, por lo que los que participan en el resultado se convierten en una multitud anónima fácilmente confundible y también confundida con las instituciones que patrocinan la investigación, y cuya esencia eternizada hace de tecnologías excelentes, tecnologías “aparecientes”, “emergentes” o literalmente “cayentes del cielo”. 22
Como demostraremos más tarde, la tecnología atrae una atención más grande de la que en realidad se merece. Esta propiedad suya tuvo y sigue teniendo el papel de una melodía ruidosa en la cacofonía de un mundo cada vez más complicado, en el que nos faltan guías. La comparación con la música no es objetiva en sí misma. También la tecnología tendemos a percibirla en el tiempo, o como si estuviera distribuida en el continuo del tiempo respectivamente. El desarrollo tecnológico representa un modelo suplente del progreso de la civilización, al que así le imprimió la forma de una dirección – adelante. Cuando preguntamos por el progreso, la tecnología relega a un plano inferior incluso a los cambios del ambiente político, la moral, el arte o los valores culturales en general.
Es por ello comprensible que ni la historia haya resistido la tentación, y que se haya iniciado en las fechas del nacimiento de las grandes invenciones tecnológicas como unos hitos representativos del progreso de la civilización. El siglo del vapor, la edad atómica, la era de los ordenadores. La tecnología fue la que estuvo detrás de los cambios de percepción (Marshall McLuhan), y también del carácter de los imperios (Harold Innis). Innis y McLuhan, ambos representantes de la Escuela de Toronto, naturalmente no son los únicos, quienes en la búsqueda de las causas de los cambios sociales acentúan el papel líder de las tecnologías. Esta tendencia teórica, llamada determinismo tecnológico, vive un florecimiento en el ámbito académico sobre todo desde los años 50 hasta los 80 del siglo 20, y aunque en gran medida ya haya sido superada, en el pensamiento profano sigue viviendo establemente ya desde el siglo 19 hasta la actualidad.23 Una prueba de esto es la reanimación de las ideas de Marshall McLuhan en los años 90 justamente en el ámbito de los nuevos medios, que lo convirtieron en su santo patrón en la precipitada suposición del cumplimiento de sus predicciones.
Hoy ya sabemos que los procesos históricos y los cambios en las condiciones de vida no se pueden explicar sólamente con un factor. Las tecnologías son siempre ya una parte de la cultura y no su causa o consecuencia. 24 Nosotros somos los que formamos las tecnologías y las tecnologías nos forman a nosotros, dicho simplificadamente. La tecnología no es una gota de tinta que después de caer en un vaso de agua tiña todo su contenido.25 Si hasta las tecnologías digitales en forma de ordenadores personales llegaron probablemente más tarde de lo que teóricamente hubiera sido posible, después del período de la mitad de los años setenta, cuando las tecnologías eran asociadas con el odiado capitalismo y con la guerra de Vietnam. 26 Al fin y al cabo, todo el dominio de los nuevos medios mostró ser fuertemente propenso a separar artificialmente las tecnologías de la cultura y la sociedad. 27 

La novedad y el mundo de las posibilidades
Las tecnologías, sin embargo, llevan en sí otros dos momentos importantes, que ya fueron insinuados al principio. Éstos son la novedad y las posibilidades que parten de ella. David Edgerton, en su análisis de la relación de las tecnologías y la historia global del siglo 20 llega con una observación brillante: que bajo el término “tecnologías” frecuentemente pensamos en las nuevas tecnologías.28 No solemos admitir el hecho de que estamos rodeados ante todo y sobre todo por tecnologías antiguas, cuyo papel en nuestras vidas cotidianas es absolutamente fundamental. Este tipo de ceguera selectiva – potenciada por los medios - explica por qué en los años 50 se hablaba de la edad atómica o cómo en aquella época el interés por los cohetes saturaba las visiones sobre los viajes por el espacio. Un ejemplo de la época actual se ofrece en el proyecto del ordenador portátil de cien dólares. 29 Podemos objetar que en la actualidad sigue prestándose cierta atención a las antiguas tecnologías del siglo 19 y el 20. ¿No parte esto, sin embargo, del hecho de que hace tiempo representaban el futuro? 30
Si miramos esta distorsión desde el punto de vista histórico, notaremos que la historia de las tecnologías es aberrante, porque en lugar de que se interese más por la cuestión de qué tecnología fue en realidad utilizada en tal y tal época, concentra su atención en los inventos.31 La “historia de los inventos” que tapa a la “historia de la aplicación” ignora totalmente el hecho de que la tecnología aplicada tiene un valor enunciativo más grande que la inventada y que tiene que pasar un tiempo relativamente largo antes de que la nueva tecnología se aplique en la práctica.
Como ya hemos dicho, la novedad abre alrededor de sí misma un gran campo de posibilidades. El invento – la nueva tecnología – representa un campo de posibilidades (aplicaciones), mientras que la tecnología activamente aplicada o por decir, exitosa, crea un campo de necesidad. 32 Las posibilidades son demasiado a menudo confundidas con la necesidad; en cierta forma presuponemos automáticamente que cada tecnología nueva está condenada al éxito. La ficción muy frecuentemente sustituye a la realidad. En el año 1944 George Orwell se queja de la repetición histórica de los conceptos de la “eliminación de distancias” y la “desaparición de fronteras” – los mismos conceptos cuyo estandarte debieron de ser los nuevos medios. 33 Nos queda la pregunta, ¿qué es la causa de esto?
La característica principal de la posibilidad es que siempre va dirigida hacia el futuro. En la sociedad cuya retórica se dirige hacia el futuro las posibilidades se convierten en un argumento resonante. 34 Basta con que notemos cómo el discurso de los nuevos medios se orienta a las preguntas de qué es todo lo que los nuevos medios hacen posible, apartando hacia atrás la pregunta de para qué se utilizan en realidad. Por ejemplo, la posibilidad de comunicar inmediatamente con quienquiera en el planeta – ¿ para cuantos de nosotros es el aprovechamiento de esta posibilidad un asunto cotidiano? Vivimos en comunidades, locales y de interés, y los nuevos medios las refuerzan. La idea de la aldea global ignora que vivimos en un espacio físico y tendemos a quedarnos dentro de él. Si en algún momento el temor de la fuga hacia un mundo ficticio pudo haberse considerado justificado, la culpa no la tenían los nuevos medios o el mundo artificial creado por el ordenador, sino la visión de un mundo compuesto solamente de posibilidades.
¿Es posible que este mundo coincida con aquella “sociedad informática” en la que vivimos? Si sometemos esta denominación, parcialmente aceptada, parcialmente criticada por su lastre ideológico, a un análisis minucioso, se mostrará mínimamente como problemática. Frank Webster, quien estudió los argumentos principales para su uso,35 llegó a la conclusión de que la mayoría de ellos se basa en tautologías y un uso indiferenciado del término “información”. No obstante, advierte el frecuentemente omitido hecho de la importancia reforzada del discurso teorético.
No se puede pasar por alto cómo esta circunstancia influenció en el ámbito de los nuevos medios. El a menudo criticado fenómeno que ha acompañado a la “fetichización” ha marcado mínimamente la ideología que es sobre todo fruto de las teorías de los nuevos medios, los que de ninguna forma quedan atrás de la práctica. El esfuerzo totalmente sincero por entender el mundo creado por los nuevos medios, fracasó sin embargo a causa de los factores arriba descritos. La sobreestimación del papel de las tecnologías en los cambios culturales y sociales y la ignorancia de la crítica tecnológica han creado una imagen extremadamente distorsionada de la realidad. La fe en las tecnologías junto con las posibilidades que ofrecen ha adquirido un extraño carácter de “realidad objetiva”. El fenómeno se dejó absorber por su propia interpretación,36 con lo que creó unas expectativas falsas y una motivación desatada.

La tecnología como una postura
“La peor forma de entregarnos a la técnica es cuando la consideramos neutral, lo cual nos hace ciegos frente a ella.“ Martin Heidegger, La pregunta por la técnica.
¿Cuál es, entonces, la posición de los nuevos medios? Geert Lovink, quien formula la misma pregunta, llega a la inequívoca opinión de que los nuevos medios nunca serán aceptados por las principales instituciones culturales ni por los coleccionistas de arte. 37 Una afirmación de este tipo es problemática ya en un principio porque no distingue dos importantes enfoques en el arte que trabaja con los nuevos medios. Dentro del primer enfoque los nuevos medios sirven como un simple medio y/o como un tema analizado. Este enfoque indiscutiblemente no ha tenido problemas para entrar en los círculos mencionados. A los artistas que trabajaban con los nuevos medios las galerías y los coleccionistas los aceptaban despacio, pero seguro. Hoy sus obras ya forman parte de colecciones importantes y frecuentemente son exhibidas, incluyendo el arte de Internet, que supuestamente es el menos aceptable. 38 Para estos artistas es sintomático que al (nuevo) medio utilizado no lo pongan al frente. A menudo es sólamente uno de los diferentes medios con los que trabajan. En otras palabras, no perciben los nuevos medios como una postura. Eso, en cambio, es típico para el segundo enfoque hacia los nuevos medios, para el arte que sobre todo a sí mismo se ficha de “arte de los nuevos medios”. 39
La objeción de que en las galerías sigue habiendo pocas obras que trabajen con los nuevos medios en un plano puramente instrumental, carece de cualquier fundamento. Entre líneas se puede leer que sale del segundo enfoque – el que pone el medio al frente. La calidad (¿ o quizá el cumplimiento de cuotas de las galerías?) de este arte como si automáticamente tuviera que resultar del medio, aceptado acríticamente.
Pero, ¿puede la tecnología funcionar como una postura en el arte? Ya hemos analizado en qué consiste en los nuevos medios la atracción de la misma tecnología y de qué forma distorsiona la imagen de la realidad. No obstante, la naturaleza de esta postura sigue oculta para nosotros. Según Martin Heidegger eso se debe a que la esencia de la técnica no es nada técnico. 40 Detrás de la técnica de hoy se esconde una relación general hacia las cosas que nos rodean. La manera con la que hoy nos acercamos al mundo no es la de siempre. Ha cambiado discretamente con el cambio del trabajo manual al mecánico, cuando la resignación a la naturaleza se transformó en su subyugación. La diferencia, a primera vista no del todo aparente, entre un molino de viento y una central hidroeléctrica, consiste, según Heidegger, en el hecho de que ya no ponemos la central eléctrica dentro del curso del río, sino que es más bien el flujo del río lo que integramos a la central. Este estado, denominado por Heidegger como Gestell, para el que son típicas esas “solicitudes reclamativas”, es la causa de una decadencia de la autenticidad. “La técnica observa al mundo en una zona estrecha y regresivamente genera productos que pudieron haber sido creados sólamente en esta zona. Así nos encierra en un falso mundo de exigencias, que es ella misma la que las formula, a una red de instalaciones, que suceden en su interés, y no en el interés de la realidad,” resume Ivan Blecha la opinión del filósofo Heidegger.41
La crítica del Gestell por Heidegger en ningún caso implica el rechazo de las tecnologías como tales, al fin y al cabo eso no es posible. Más bien exhorta al advertimiento de este estado y a su sometimiento a la crítica. Como mínimo dos actividades son capaces de eso: la angustia (el asomarse hacia la nada) y el arte que sabe tratar las cosas de tal manera que las deja lo más cerca de la preocupación existencial original. 42
Pero el arte que se identifica con el Gestell se convierte en un arte internamente contradictorio. Es decir, así el arte de los nuevos medios cayó en la trampa de la tecnología, de la que ya había advertido Nam June Paik cuando subrayaba la importancia del arte para la vida con las tecnologías. No queda más que constatar que con la llegada de los nuevos medios se abre frente a nosotros, ahora ya definitivamente, un amplio abanico de estéticas, cuya cartografía empezará a manifestar unos contornos más claros hasta con el tiempo, cuando se muestre lo que ha prevalecido. Al final posiblemente notaremos que habíamos tratado de entender los nuevos medios con términos viejos.


1. Hay que tomar en cuenta que el señalamiento del arte de los nuevos medios nunca se estabilizó ni determinó inequívocamente. Los atributos digital, interactivo, electrónico o tecnológico se intercambian según el que los use. No en último lugar también se trató del apareamiento de las palabras “arte” (o “cultura”) y “tecnología”, o la simple acentuación de los medial como nuevo a priori. La tendencia de la retirada de las posiciones así denominadas; el silencio repentino de los protagonistas de esta actitud es imposible de pasar por alto. Por ej. Armin Medosch en su artículo „Good Bye Reality! How Media Art Died But Nobody Noticed“ (2006) sobre el festival Transmediale de Berlín nota que de su subtítulo fue discretamente omitida la denominación de “arte medial”.
2. Lovink, Geert: New Media, Art and Science: Explorations beyond the Official Discourse. In: Scott McQuire/Nikos Papastergiadis (ed.), Empires, Ruins + Networks, University of Melbourne Press, Melbourne, 2005. 
3. Entrevista con Alessandro Ludovico „Italian Hacktivism: Theory, Practice and History“ (2008) .
4. Entrevista con Andreas Broeckmann „Contemporary New Media Art“ (2007) ; Kera, Denisa. 2006. „Od konspirace k emergenci: Umělecké vizualizace a estetika databází“ pp. 36–39 In Flash Art (Czech & Slovak Edition) Vol. I No.1.
5. Ver Entrevista con Alessandro Ludovico.
6. Rišková, Mária. 2008. „Agónia a extáza umenia nových médií“ In Flash Art (Czech & Slovak Edition) Vol. II, No. 9.
7. Giddens, Anthony. 1990. The Consequences of Modernity. Stanford: Stanford University Press.
8. Krasnodębski, Zdzisław. 2006. Zánik myšlenky pokroku. Červený Kostelec: Pavel Mervart, p. 23. 
9. Ibid, p. 108. 
10. Ibid, p. 110. 
11. Giddens 1990, pp. 37–38. 
12. Ibid, pp. 16–17. 
13. Ibid, pp. 18–19. 
14. Ibid, pp. 148. 
15. Prokop, Dieter. 2005. Boj o média. Praha: Karolinum, p. 317. 
16. Lasch, Christopher. 1979. „The Narcistic Personality of Our Time“ pp. 31–51 In: The Culture of Narcisism. W.W. Norton. 
17. Volek, Jaromír. 2002. „Nezamýšlené důsledky „komunikační ideologie“ v kontextu informační společnosti“ In: Média a realita. Brno: Masarykova univerzita v Brně, p. 24. 
18. En el año 1995 el fundador del MIT Media Lab Nicholas Negroponte publica el libro Being Digital, en el que define los bits como los nuevos átomos. 
19. Volek 2002, p. 18.  
20. Ibid, p. 16. 
21. Gehlen, Arnold. 1972. Duch ve světě techniky. Praha: Svoboda, p. 39. 
22. Especialmente en Internet son hoy una excepción marginada pero imposible de pasar por alto de esta regla los individuos que han llegado con una idea original, exitosamente desarrollada tanto comercialmente (Apple, Google, Napster) como no comercialmente (Linux, torrent, wiki o la misma WWW). Se trata, sin embrago, de una excepción creadora de mitos, cuya vitalidad nace de nuestra tendencia a relacionar los logros de gran importancia con las historias de individuos. 
23. A lo largo de este mismo puente miramos no sólo al pasado. ¿Cuántas visiones del futuro se basan en los significantes de los descubrimientos científico-técnicos?
24. Slack, Jennifer Daryl – Wise, J. Macgregor. 2002. „Cultural Studies and Technology“ pp. 485–501. In: The Handbook of New Media. Sage, p. 487. 
25. El autor de esta comparación tecnodeterminista es el teórico medial estadounidense Neil Postman. 
26. Tribe, Mark –Reena, Jana. 2006. New Media Art. Köln : Taschen. 
27. Slack –Wise 2002, p. 488. 
28. Edgerton, David. 2006. The Shock of the Old. Technology and global history since 1900. London : Profile Books. 
29. El objetivo del proyecto de Nicholas Negroponte es de regalar a los niños de países en vías de desarrollo ordenadores portátiles fabricados por costos extremadamente bajos. La ingenuidad de este proyecto adquiere líneas claras si es comparado con el invento médico más importante del siglo 20 que según Adam Hart-Davis fue el watercloset – bajó radicalmente la mortalidad infantil y el peligro de enfermedades contagiosas. Pero naturalmente la atención de los medios será mucho más cautivada por el ordenador portátil. 
30. Edgerton 2006, p. 38. 
31. Ibid, p. xii. 
32. La tecnología necesaria, es decir la ya utilizada, no es más percibida como nueva, y se pierde así del horizonte de la atención, como señala Edgerton. 
33. El camino hacia la paz mundial y el entendimiento internacional se suponía que sería abierto ya por el ferrocarril en el siglo 19. Henry Ford le atribuía este potencial a las tecnologías de comunicación y de transporte en general, H. G. Wells por su parte creía en la aviación. 
34. Henri Bergson dice sobre la imagen del futuro: “La idea del futuro, llena de un infinito de posibilidades, es más fecunda que el futuro mismo, y esa es la razón por la qual encontramos más encanto en la esperanza que en la posesión, en el sueño que en la realidad.” Y la conecta con la sensación de felicidad que “en su más bajo grado se parece a la orientación de nuestros estados espirituales dirigidos hacia el futuro.” Bergson, Henri. 1994. Čas a svoboda. O bezprostředních datech vědomí. Praha: Filosofia, p. 17. 
35. Los argumentos se basan en los cambios del orden social, la cultura, la economía, el carácter de las tecnologías y las formas de empleo. Webster, Frank. 2002. „The Information Society Revisited“ pp. 22–33 In: The Handbook of New Media. Sage. 
36. Vopěnka, Petr. 1989. Rozpravy s geometrií. Praha: Panorama. 
37. Lovink 2005. 
38. La llegada de la dematerialización del arte con el arte de los nuevos medios es uno de los mitos preferidos de este discurso. 
39. Rišková 2008. 
40. Heidegger, Martin. 2004. „Otázka techniky“ pp. 7–35 In: Věda, technika a zamyšlení. Praha : Oikoymenh. 
41. Blecha, Ivan. 2007. Proměny fenomenologie. Praha: Triton, p. 231. 
42. Ibid, p. 233.





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27.07.2014 19:39
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albania
Red, Yellow and Blue in the Middle of Nowhere
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Jiří Ptáček
IIn the vestibule of a large hotel in Tirana where, in the end, we did not stay, I noticed a poster on a tourist board with the attractive slogan “Albania: The Last Secret.” It accosted us because we had no desire to see the sights of a country that had weathered the ravages of Enver Hoxha. We were here to find out what was happening at Tirana’s second biennale. The patron of the first biennale…
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symposium
Grave Diggers´ Laboratory
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Jiří Surůvka
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reportáž
Under the Shadow of Heroes
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Alena Boika
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muscles
Adventures in Musculature
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Jan Suk
“Instead of interpreting art, we must love art.” Susan SontagTwo years ago I saw a work by a Balkan artist, whose name I eventually forgot, a recording of his performance in a gallery where he lifted and pulled weights as a professional for a body-building session. The confrontation of him toning up his overly developed muscles in the space of the intellectually charged gallery made me think…
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