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Dominios del Genio de la Mediocridad
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Año 2008, 2
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Dominios del Genio de la Mediocridad

Revista Umělec 2008/2

01.02.2008

S.d.Ch. | drama | en cs de es

Farsa heurística en cuatro actos.

El Genio de la Mediocridad – Geniadij Mediokritov (pastor, burgués, Negro vendedor de café, mosquetero).
Fémina Maskulinova – su esposa.
Los Genios Cumbre – Dr. Kafka; Wolfgang, compositor.
Los Genios del Desorden.
Budgie.
Cacatúa.
Guacamaya escarlata.
Monstruo.


1er Acto: Preliminar.

Sala de estar en la casa del Genio de la Mediocridad con una ventana estilo francés, el retrato de Neruda en una pared, una percha para un canario, un sofá, una mesa y algunas sillas. La escena está vacía incluyendo la percha. Se escucha el sonido de una llave en la cerradura y el Genio de la Mediocridad, Geniadij Mediokritov entra como un Pastor.

Genio de la Mediocridad: ¡Madre!… ¡Ya llegué!
Fémina Muskulinova Mediokritova: (Tras bambalinas): Ahí estaré en un segundo, Geniadij. Tan sólo pongo ésto en el horno.
G.M.: Qué día. Gracias a Dios que soy una institución establecida –un mortal común no la haría. El pastor prácticamente tuvo que redimirme para poder llegar a casa.
F.M.M.: (Tras bambalinas): Bueno, qué podemos hacerle, padre.
G.M.: ¿Qué tenemos de comer, Femi?
F.M.M.: (Tras bambalinas): ¡Una Cacatúa!
G.M.: ¡Ahora sí que te has lucido!
F.M.M.: (Tras bambalinas): Te llamó el Dr. Kafka, le gustaría reunirse contigo, le dije que le llamarías.
G.M.: Gracias. Lo llamaré ahora mismo. (Se dirige a la ventana y empieza a gritar algo hacia fuera) ¡Doctor, doctor!... Buenas tardes… Sí, me lo dijo mi esposa… ¿Qué tal mañana por la tarde?... ¡Perfecto! (Se aparta de la ventana).
F.M.M.: (Entra cargando el asado, lo pone en la mesa): ¿De qué se trata?
G.M.: En realidad no lo sé, madre. El doctor sólo me dijo que tiene que ver con una mediocridad.
F.M.M.: Es justo para lo que fuiste hecho, padre.
G.M.: (Festivamente): ¡Es mi dominio!
F.M.M.: ¿Vas a comer vestido así? (toma asiento).
G.M.: Ah, claro, por supuesto, es por estos detalles que te quieroo, querida. (Abandona el escenario y regresa vestido como Burgués) De esta manera no tengo que sufrir reparo alguno por comer de más ni tampoco sabe tan restrictivo… (Toma asiento) ¡Buen provecho!
F.M.M.: ¡Igualmente! (comen, terminan de comer)
G.M.: ¡Maravilloso! ¡No me había zampado un festín así desde hacía mucho!
F.M.M.: Estas palabras reconfortan mi alma…
G.M.: El día de hoy he sido muchas personas hermosas… Fíjate madre, quienquiera que he sido, ¡lo he disfrutado al máximo! Especialmente el Negro vendedor de café.
F.M.M.: Eso es grandioso, deberías considerar ser el más seguido.
G.M.: (Exuberante) ¡La vida!... La vida no debería exagerarse –quiero decir, madre, equilibrio. La dorada medianía… Un esfuerzo en vano… Todos y cada uno de los que fui, fue una existencia sólida.
F.M.M.: Eso está muy bien… ¿Nos iremos a dormir, padre?
G.M.: Claro.
F.M.M.: Sólo déjame limpiar la mesa. (Toma los platos, limpia la mesa, abandona el escenario. G.M. se aprovecha de ésto, deja el escenario por el extremo opuesto y regresa como el Pastor, justo cuando F.M.M. regresa).
F.M.M.: ¿Hoy vas a dormir vestido así?
G.M.: Sí querida. De esta manera disfruto del sueño de los justos, así que creo que sería bueno que esta noche durmieras en la cocina… ¡Buenas noches! (Salta y se mete en la cama).
F.M.M.: Esa cocina, Geniadij, es el paradigma de nuestro amor –espero que seas consciente de ésto.
G.M.: Claro… ¡Buenas noches!

(Se obscurece… Cortina)

FIN DEL PRIMER ACTO

2do Acto: Los Genios Cumbre llegan de visita.

Mismo escenario, G.M. esta sentado en la mesa como el Negro vendedor de café, una robusta guacamaya esta en la percha, suena el timbre, G.M. se levanta y se dirige a abrir la puerta.

G.M.: (Tras el set): ¡Bienvenidos caballeros –Madre, qué sorpresa- el Dr. Kafka trajo al Sr. Mozart con él!
F.M.M.: (Desde la cocina): ¡Oh, Dios mío, y yo ni siquiera he puesto la comida en el horno!
(Entra G.M. seguido por un bien logradito Franz Kafka y un todavía mayor Wolfgang Amadeus Mozart, son proporcionalmente mayores que G.M.)
Guacamaya: ¡Bienrrrrveniiiiidos!
G.M.: Tomen asiento caballeros, acerquen una silla.
F.K. y W.A.M.: Muchísimas gracias (Se sientan, pero sólo caben si se sientan en el suelo).
F.M.M.: (sale corriendo de la cocina con un gran cuchillo) Bienvenidos caballeros… ¡Oh, Sr. Mozart, de verdad que es algo tremendo y grandioso! – Prepararé la Guacamaya (va a la percha, mata a la guacamaya con el cuchillo y desaparece del escenario)
F.K. y W.A.M.: ¡Oh, no se preocupe, gentil anfitriona!
F.M.M.: (Desde la cocina): ¿Preocuparme?... Pero de qué, ¡si ni siquiera sabía decir correctamente bienvenidos!
G.M.: (Toma el centro del escenario): ¿Entonces… qué les sucede amigos míos?
F.K.: Son los Genios del Desorden.
G.M.: ¿De verdad?
W.A.M.: ¡Sí, la cosa es que esta situación ya no puede continuar así!
F.K.: Ciertamente, especialmente su obscenidad, la sexualidad de sus bajos instintos, la jerga que hablan, la blasfemia, las personalidades patológicas, su tontería irritante y lapidaria…
W.A.M.: Exactamente –y los burdeles, cabarets, salones de baile, piqueras, clubs de juego que derivan de éstos…
F.K.: ¡Efectivamente –y los deportes, la basura, el kitsch, la pornografía!
G.M.: Pero eso es parte de su naturaleza, caballeros. Eso es de lo que están hechos y sobre lo que colapsarán al final – por eso son los Genios del Desorden.
F.K.: No cabe la menor duda, mi querido Geniadij Mediokritov… el problema radica en otro lado… Déjame ponerlo de esta forma… (Mozart interviene)
W.A.M.: En pocas palabras. A Franz le gustaría decir, que nos sentimos muy atraídos por todo esto.
F.K.: Justamente eso… En realidad, exactamente… estamos grandemente atraídos por todo este desorden, pero hemos sido deshonrados masivamente. ¡Me refiero a nuestro escudo de armas Geniadij!
G.M.: Lo entiendo, sí, sí, particularmente el escudo de armas… Sí, el escudo de armas sobre todo.
F.M.M.: (Sale corriendo de la cocina con el asado): ¡Aquí estamos! (lo pone sobre la mesa) ¡A comer!
F.K.: ¡Oh no, eso sí que no! Eso esta fuera de toda consideración.
W.A.M.: No hemos querido causar ningún inconveniente…
G.M.: Pero eso ofendería a Fémina Maskulinova demasiado, caballeros.
F.K.: Me temo que lo tendremos que hacer –yo, por ejemplo, el día de hoy soy vegetariano…
W.A.M.: Y yo me niego a comer una avecilla cantora –usted debe entender…
G.M.: ¡Oh Wolfgang!... Eso no era cantar, era graznar… Un horrible tipo de graznido…
W.A.M.: Bueno, entonces, quizá solo un trocito… (Se sirve un poco) F.M.M. regresa a la cocina, G.M. abandona el escenario y regresa como el Burgués, toma asiento)
G.M.: (Hablando con la boca llena): Las cosas que he sido el día de hoy, no lo creerían ustedes, caballeros –y todas ellas unas existencias tan sólidas- por ejemplo, un reverendo, sólo imagínelo doctor, y caballeros, quienquiera que he sido, ¡He disfrutado serlo a cabalidad! Sobre todo, sin ningún exceso, todo en su correspondiente proporcionalidad (tose) –Ser o no ser- ¿Qué es este risible dilema? -Un poco de todo- Ahí es donde se encuentra- O en ese lenguaje laberíntico existencial tan de moda- ¡Esa sería mi muerte! –Exactitud comprensible- Ese es mi método, caballeros -¡Mmm..., eso sí que estaba sabroso! –Maravilloso- ¿Dónde estábamos?... Ah, en aquella cosa con los… Bueno, eso no será problema para nada. Lo mejor será que yo convoque una reunión aquí en mi casa, en digamos, terreno neutral…
W.A.M.: Eso es exactamente lo que estábamos pensando Geniadij Mediokritov. Exactamente…
F.K.: ¡Puesto que no existe mejor intermediario que usted! Su reputación…
G.M.: ¡Oh, deje usted ese cáliz, doctor! Un cáliz de adulación; pues es por eso que yo soy un genio de la mediocridad, para expresarme en verso y darles completa satisfacción. Puesto que ya sé como se resolverá este asunto a su favor. Por eso calma caballeros, tómenlo como resuelto, ¡que ya lo está!
F.K.: Eso sería maravilloso –Si pudiera usted encontrar alguna, digamos, ruta intermedia. Algún, no temo decirlo, compromiso razonable para nosotros.
G.M.: (Festivamente). ¡Esos son mis dominios!
F.K.: Entonces, no debemos malgastar su tiempo inútilmente ni por un solo segundo. ¡Tome acción, mi querido Geniadij! (F.K. y W.A.M. se preparan para salir)
W.A.M.: Afirmativamente, es usted libre de actuar bajo sus propios deseos –Ni tan siquiera soñábamos llegar a un consenso- creímos que seria un sinsentido. ¡No tiene usted ni idea, mi querido Geniadij, de lo aliviados que estaremos!
G.M.: Creo que me hago una idea… Queda pendiente una cosa muy importante. Preséntense en la reunión en su forma ideal, queridos caballeros. Para que todo sea transparente.
W.A.M.: Cumpliremos todos sus deseos, Geniadij Mediokritov. Como dice usted, ¡adiós!
F.K.: Es lo menos que podemos hacer, con mucho gusto. Lo importante es que usted está de acuerdo. Hasta luego.
G.M.: Es para mi un placer, doctor. ¡Madre, ya se van nuestros invitados!
F.M.M.: (Desde la cocina): Oh, disculpen ustedes, caballeros, ni siquiera pude preguntarles ¿Cómo se encuentran sus queridas señoras? ¡Tengo las manos en el lavadero!
F.K. y W.A.M.: Gracias por preguntar. Ellas viven con hombres mucho más prácticos. Adiós señora. Adiós Geniadij Mediokritov.
G.M.: ¡Hasta la vista, caballeros! (Salen y el G.M. les habla) Y no lo olviden –En su forma ideal (Mientras habla, abandona el escenario y regresa como el Negro vendedor de café y se reúne nuevamente con F.M.M. que viene de la cocina).
F.M.M.: Siempre me gusta verte así, padre. ¿Nos iremos a dormir?
G.M.: Un segundo, madre. Déjame tan solo atender una cosa mas (va hacia la ventana y chifla) ¡Hey Eddie!... No, ese no lo he escuchado, me lo cuentas luego, ¿Ok?... ¿Esta Paulie contigo?... Gracias… ¿Qué? ¿Me estas diciendo Negro?... Oigan muchachos, por qué no se dejan caer por aquí mañana, tendremos una pequeña charla… A las siete estará bien… ¡Cool, bye! (desaparece de la ventana, abandona el escenario y regresa como el Pastor)
F.M.M.: ¡Geniadij! ¡Hace tan sólo un segundo estabas en tu forma ideal de Negro vendedor de café!
G.M.: Eso fue hace ya un rato, madre. El ideal ahora ha cambiado… Abre la ventana de la cocina (se lanza sobre la cama) para que recibas un poco de aire fresco. Buenas noches.

(Se obscurece… cortina)

FIN DEL SEGUNDO ACTO

Tercer acto: Los Genios del Desorden llegan de visita.

Mismo escenario, G.M. está durmiendo en la mesa como el Burgués, de repente es despertado por un robusto perico de la variedad gris que se encuentra en su percha. G.M. se levanta, camina hacia el retrato de Neruda y lo cambia por la foto de una mujer desnuda apretando el botón de algún aparato automatizado –suena el timbre y G.M. se dirige a abrir la puerta.

G.M.: ¿Cómo se cuelgan, panteras? ¡Madre, ya están aquí!
F.M.M.: (Desde la cocina): ¿Quiénes?
Perico: ¡Buerrnas Tarrdeeees!
(Paulie Porno, desnudo, con su descomunal pene sobresaliendo, y Ed Entretenimiento, un hombre joven en un disfraz de payaso, entran al escenario. G.M. se dirige a ellos)
G.M.: ¡Paulie Porno y Ed Entretenimiento!
F.M.M.: ¡Demonios, y yo que todavía no meto el pollo en mi horno!
P.P.: No hay ningún problema, madame. ¿Y comó se encuentra hoy esta bella dama?
(F.M.M. entra llevando un gran cuchillo)
F.M.M.: ¡Oh, Paulie Porno aun conserva su forma! –(lo mira enfocando bajo la cintura) También grandemente tremendo, a su manera.
P.P.: ¡Sobre eso puede usted apostar, madame! ¡Por cierto, su pájaro sí que sabe saludar!
F.M.M.: Y aun así…
E.E.: ¡Buenas, señor!... ¿Ya se sabe el del plomero?
F.M.M.: ¡Espérate, sonsacador! Tengo que hacer al periquito. (Mata al perico y desaparece con el ave muerta en la cocina)
G.M.: ¡Siéntate, para que no te sigas colgando, Paulie!
P.P.: No es mi caso… (Señala a su orgullo y se sienta)
G.M.: También tu, Ed (se sienta) Ahora bien, chicos, ¿Cómo la ven?
P.P.: ¡Que te lleven a fusilar, Genio!
G.M.: En realidad es una delicadeza. Ayer tuve a Kafka, el escritor y a Mozart, el compositor que vinieron a cenar…
P.P.: ¿Sí, qué bueno, y qué? ¡Yo ya tengo un cucharón y un sólido par de maracas! (señala a sus utensilios)
G.M.: ¡Por Dios, Paulie, tan solo siéntate como un buen muchacho y escucha! Vinieron a quejarse de que ustedes son una mala influencia sobre ellos.
E.E.: Pero eso es imposible, Genio. Ni siquiera conocemos a los tipos esos.
G.M.: Yo lo sé, Eddie, pero no se trata de eso. También me dijeron que han sido tentados y que de hecho les gusta… Esa vida suya con sus cosas…
P.P.: Así que, ¿Qué es lo que nos quieres vender, Genio?
G.M.: Bueno, en realidad no lo sé chicos, pero de verdad que quieren conocerlos.
P.P.: Mira Genio, yo no entiendo ésto. Lo de la influencia esta bien azul, pero esos fulanos están en azul celeste. Me parece simplemente que esos tipos no saben lo que quieren. Entonces, ¿Para qué tenemos que conocerlos?…
F.M.M.: (Entra trayendo el asado): A ver muchachos, ya basta de charla, ahora, pongamos algo en sus pancitas. Seguro que ya tienen hambre.
P.P.: Ese sí que es un lujoso platillo madame. ¡Tengo un pito como el de una estrella porno!
E.E.: ¡Se ve comible señor! ¿Ya escuchó el del carpintero?
F.M.M.: ¡Oh, pequeño travieso! Coman antes de que se enfríe. (Sale hacia la cocina)
G.M.: Coman, muchachos –las cosas que he visto, he disfrutado ser hasta lo máximo, pero nunca me atrevería a contarles acerca de eso…
P.P.: Muy bien, Genio –¡no lo hagas!- (empiezan a comer, comen, terminan de comer)
G.M.: ¡Mmm, eso si que estaba sabroso!... ¿Dónde íbamos?... Ah sís, la reunión… dejen ya de ser tan estirados chicos, no se les hará ningún daño –por otro lado- Ya puedo imaginarme que ésto lograría resultados en… Vamos, muchachos, ¿entonces qué?... Debido a mí…
E.E.: ¿Y qué te imaginas que sacaríamos de eso, hmm?
G.M.: Son Genios, Ed. Siempre puedes sacar algo de ellos.
P.P.: Tienes razón en cuanto a que son de clase alta, así que yo creo que sí sacaríamos algo para nosotros, los limosneros que nos arrastramos aquí en lo mas bajo.
G.M.: Eso es correcto, Paulie, el doctor también mencionó que se involucra algo así como un escudo-de-armas, esos escudos de armas ciertamente no son nada baratos actualmente.
b>P.P.: ¿Tú que piensas, Ed?
E.E.: Sí, vamos a darle una oportunidad, Paulie. Estoy en bancarrota desde hace más de una semana, de verdad nos ayudaría dar un buen golpe ahora.
P.P.: Eres un suertudote de que seamos tan suavecitos, Genio… ¡Pero tu tendrás que hacer todos los arreglos!
G.M.: (Festivamente): ¡Esos son mis dominios!
P.P.: Nos vemos mañana.
G.M.: ¡Ésto es lo que quería escuchar, muchachos! ¡Sacudámosla por eso! (Su mano sostiene un pene) Ya estamos a la mitad. Hombre, si somos personas. Yo quedo a cargo de todo, ya lo verán. No se arrepentirán.
P.P.: Ya vas, Genio. Nos vamos ya.
G.P.: Mamaaa, los chicos ya se van.
F.M.M.: (Desde la cocina): Y yo que ni siquiera les pregunte sobre Constancia y Dora.
P.P. y E.E.: ¡Como si ambas cosas existieran! ¡Que le vaya bien, madame amabilidad!
E.E.: ¿Ya escuchó el del limpiador de chimeneas, seño?
F.M.M.: (Desde la cocina): ¡Oh, pequeño diablillo!
P.P.: Ya vale, Eddie, vámonos –¡creo que me voy a pillar un peltazoo tan grande que mis uñas saltarán! ¡Nos vemos Genio!
G.M.: Nos vemos panteras… ¡Oh, esperen!... Una cosa importante… Mañana, vengan como Dios los trajo al mundo.
P.P.: ¡Solamente de esa forma acostumbro a vestirme, Genio!
G.M.: Me refiero en un ideal, como un genio.
P.P.: Oh, de esa manera, ¿Es realmente necesario?
G.M.: Si Paulie, muy importante de hecho.
P.P.: Cool, cool… Así será… adiós.
G.M.: Lo mismo tu, Ed.
E.E.: Apuesta sobre ello, Genio… Adiós.
(Salen de escena)
G.M.: (Dirigiéndose a F.M.M., que sale de la cocina): ¡Vamos a sacudir las sábanas, madre!
F.M.M.: ¡Oh Geniadij!, ¿hablando la lengua de los muchachos nuevamente?
G.M.: ¡Oh! –Perdón- ¿Nos iremos a dormir? (se recuesta en la cama)
F.M.M.: ¡Que bonito detalle el tuyo, padre, al menos hoy como un burgués! (salta sobre la cama a su lado).
G.M.: Un segundo, querida. Me olvidé de apagar las luces del recibidor… (Se levanta, desaparece de la escena y regresa como un Pastor)
F.M.M.: ¡Desgraciado!
G.M.: No te olvides abrir tu ventana querida, existen numerosos gases insalubres flotando alrededor de la cocina. Buenas noches.
F.M.M.: (Sale hacia la cocina y una vez que se va, G.M. salta a la ventana y grita)
G.M.: Doctor, doctor… ¿Sigue usted despierto?... Todo está arreglado… Sí… Mañana por la tarde… Oh, no fue ningún problema… ¡Son mis dominios! (Cambia la imagen de la mujer desnuda por el retrato del Marqués de Sade) Divino Marqués. Sí, ese seria un compromiso apropiado.

(Se obscurece, cortina)

FIN DEL TERCER ACTO

Cuarto Acto: Los Genios Cumbre y los Genios del Desorden se reúnen en el hogar del Genio de la Mediocridad.

Mismo decorado, la percha está ocupada por una niña pequeña en lugar de un perico, G.M. entra de un humor festivo como un Mosquetero.

G.M.: ¡Hoy es mi gran día, madre! Y por eso estoy frente a ti, armado como un guerrero. ¡Como un ganador, madre! ¡Mis años de arduo trabajo finalmente han rendido fruto! Dos líneas paralelas nunca se reunirán en la infinidad, ¡se reunirán en nuestro hogar!
F.M.M.: (Desde la cocina): ¿Y no serán más bien dos postes, padre?
G.M.: Oh, déjalo ya, Féma… (se escucha el timbre) ¡Nuestros huéspedes han arribado! (va a abrir tras bambalinas y exclama) ¡Viva el Consenso! (Una jarra con un liquido claro se desliza entrando al escenario seguida de G.M.)
Niña Pequeña: ¡Buenos días!
G.M.: ¡Féma!... ¡Esto es maravilloso!... El maestro Mozart y el doctor en su forma ideal… ¡Como claros espíritus!... Etéreos… ¡Debes ver ésto!
F.M.M.: (Desde la cocina): ¡Ya voy, sólo me falta sacar mis manos del fregadero!
Las Voces de F.K. y de W.A.M. desde la jarra (el líquido burbujea cuando las personas metamorfoseadas hablan): ¡Saludos Féma Maskulinovna!
(Suena el timbre de la puerta)
G.M.: ¡Ah! ¡Ya tenemos aquí a la contraparte! (Corre tras el escenario para abrir y dice en voz alta) ¡Problema es muerte!
(Un tubo sellado flota entrando a la escena lleno de algún tipo de líquido sucio, viscoso, seguido por G.M.)
Niña Pequeña: ¡Buenos días!
G.M.: ¡Madre! –¡Tienes que ver ésto!- Paulie y Eddie en su forma ideal… Como una substancia asquerosa… ¡Como caos! Que tipos tan grandes… No se olvidaron…
Voces de P.P. y E.E. escapándose del tubo sellado: No creas que somos un montón de miedicas Genio.
F.M.M.: (Sale como una tromba de la cocina): Bueno, finalmente aquí estoy… Hola caballeros. Todos vestidos, ya lo veo… Muy elegantemente…
Tubo Sellado (Voz de E.E.): Apueste por eso, señor, oh, ¿ya se sabe el del panadero?
F.M.M.: ¡Oh, pequeña bestia!... ¡Prepararé la guacamaya escarlata! (Mata a la Niña Pequeña sobre la percha y corre a la cocina cargando su cadáver)
G.M.: Fémina Maskulinovna tenía la intención de preparar sus fideos de perico retorcido y semilla de amapola. Pero, créanlo o no, el día de hoy no tenemos un palo torcedor.
Tubo Sellado (P.P.): Bueno, que mala suerte, odio los fideos.
G.M.: Ok… Con referencia a su condición, en realidad no puedo ofrecerles una silla, caballeros. Igualmente, me imagino que no les importaría si nos avocáramos inmediatamente a los negocios…
Jarra: Pero por supuesto Geniadij Mediokritov, seria un poco embarazoso…
Tubo Sellado: Hey, Genio –nosotros no tenemos ningún problema para sentarnos (El Tubo Sellado salta a una silla, en el mismo momento, F.M.M. asoma su cabeza por la cocina y le grita al Tubo Sellado)
F.M.M.: ¡Quítate inmediatamente de esa pequeña!… ¡Malditas sobras de plato! (El Tubo Sellado obedientemente salta fuera de la silla y F.M.M. nuevamente mete su cabeza de regreso a la cocina)
G.M.: Así que… yo fui, como ustedes saben, convocado por el grupo de los Genios Cumbre para –en mi calidad de Genio de la Mediocridad- organizar una reunión con el grupo de los Genios del Desorden. Se me otorgó, ¿cómo lo diré? Completa libertad por ambos bandos durante las reuniones que sostuve con cada uno de ellos. Lo que prácticamente constituye la autoridad para resolver este delicado problema, concerniente de alguna manera a un lado, o digamos mejor la influencia unidireccional de un grupo sobre el otro, lo que ha provocado daños al lado que ha sido influenciado… Al mismo tiempo, si he entendido las cosas correctamente, el daño va de la mano con algún tipo de beneficio… No suena muy estándar, pero es muy simple. De cualquier manera, no es complicado.
F.M.M.: (Desde la cocina): Padre, ¡suenas como un maldito abogado!
G.M.: ¡Yo soy un maldito abogado también, madre!... Y ven para acá de una vez.
F.M.M.: (Aún desde la cocina): Ya estoy ahí.
Tubo Sellado (E.E.): ¡Que no se te olvide ese escudo de armas, Genio!
G.M.: Si, el escudo de armas, seguro… Pero aun hay más, caballeros –Consenso, acuerdo, conciliación, muerte al problema, tensión y lucha- Hoy, el Genio de la Mediocridad, se parará muy alto sobre su propia sombra con la intención de adecuar y con buena reputación… Víctima de mi propio yo, llenaré el vacío existente entre ustedes… ¡Atención caballeros! Una vez que diga AHORA –entonces, como si yo nunca hubiera existido- ¡AHORA! (Levanta el Tubo Sellado y vacía su contenido en la Jarra, patea al Tubo Sellado fuera del escenario y dice muy festivamente) ¡Yo soy aquel, como si nunca fui! ¡Ese es mi dominio!
(El contenido del Tubo Sellado obscurece el contenido de la Jarra)
F.M.M.: (Se asoma desde la cocina): ¡Oh, y yo que me lo perdí! Oh, bueno, el triturador de desechos me está dando problemas… (Su cabeza desaparece nuevamente en la cocina)
G.M.: ¡Bueno caballeros! ¿Qué me dicen?
Jarra (E.E.): Tenías toda la maldita razón, Genio –en realidad logramos algo- ¡Continuamos disfrutándonos y ahora incluso lo entendemos!
Jarra (P.P.): ¡Me quito el sombrero ante ti, Genio! ¡Eres el mejor!
Jarra (F.K.): Por otro lado, nosotros seguimos entendiendo. ¡Pero ahora finalmente también lo estamos disfrutando!
Jarra (W.A.M.): Es justo como la música, Geniadij Mediokritov. Música hermosa, ¡pero sin orden!
G.M.: ¡Me alegra mucho oír eso!
F.M.M.: (invade el escenario cargando el asado): ¡Escarlata está lista!
G.M.: Lo mismo que los caballeros. Así que casi no hay razón para servir, madre.
Jarra: ¡Oh, tan sólo échalo aquí!
G.M.: (Ofendido): ¡Oh, Paulie, que idea más mala!
Jarra: ¡Pero si yo no fui el que habló! Fueron el doctor y el compositor.
G.M.: ¿Es verdad eso, doctor?... ¿Sr. Wolfgang?
Jarra: Ambos estamos sorprendidos agradablemente… De verdad que sí, así que échenlo.
G.M.: (Dirigiéndose a F.M.M.): Pues entonces venga, madre, después de todo los caballeros quieren un poco. (Toma el asado de F.M.M. y lo echa en la Jarra)
Jarra: ¡Vaya banquete, Genio! ¡Eso es lo que yo llamo un asado, Fémina Maskulinovna!
G.M.: ¡Me hacen sentir mal, caballeros!
Jarra: ¡Hey, no se chupen los labios antes de probar ésto! ¡Vamos!
G.M.: ¡Oh, ahora te estás poniendo desagradable, Paulie!
Jarra: ¡Pero Genio, si el que habló fue Kafka!
G.M.: ¡Qué! Oh, entonces perdóname. Parece que su mezcla se ha salido de mi control. Especialmente tu forma de hablar me ha confundido… Así que ¿cree usted que yo debería, doctor?
Jarra: ¡Puede apostar sobre eso! Y por qué no me llama Franz. Que te parece Wolfi. Por supuesto, a ti –siempre- Wolfgang Amadeus Mozart… Bueno y yo soy tu… Doctor Franz Kafka…
G.M.: (Sumamente confundido): Es un honor, de repente me siento mucho más liberado y tú, quiero decir ambos ustedes, quiero decir tú Wolfgang Amadeus Mozart y tú doctor Franz Kafka -¿Creen que yo debería?
Jarra (F.K.): ¡Oh, por supuesto! En primer lugar estaremos completos, segundo, podrás disfrutar de ti mismo como quienquiera que quieras ser en un determinado momento, tercero, puedo apostar que harías a Fémina Maskulinovna muy feliz –sentiría como si se encontrara en un baile de gala y ni siquiera tendrías que salir de casa, y cuarto contigo, el genio mediador, la experiencia de nuestra mezcla se intensificaría y a través de tu mediocridad todo lo nuevo que ha sido creado será por derecho consumido, ¡gracias a tu acercamiento heurístico!
G.M.: ¡Madre!... Creo que tiene razón. Nos vamos a la cama temprano hoy. ¡Es lo que los doctores recomiendan!
F.M.M.: Bueno, esta bien, padre, pero ¿y los caballeros? ¿Van a pasar aquí la noche?
G.M.: Seguramente… Y nosotros nos quedaremos con ellos.
F.M.M.: Bueno, iré a hacer las camas…
G.M.: No madre. Esta noche dormiremos en diferentes sábanas (apunta hacia la Jarra)… y deja de ser tan artificial, ahora ellos se han convertido en algo así como… nuestros hijos…
F.M.M.: Eso es maravilloso, padre. ¿Pero, estás seguro de que no vas a hacer trampa?
G.M.: Hoy no, lo juro… Verás (abandona el escenario y regresa en todas sus formas –el Pastor, el Negro Vendedor de Café, el Burgués y el Mosquetero) ¿Estás satisfecha?
F.M.M.: Completamente… Sólo el Pastor quizá pudiera excusarnos…
G.M.: (Como el Pastor): Pero por supuesto… Si necesitan algo estaré en la cocina. (Sale)
F.M.M.: Que duerma bien, Pastor. No vamos a molestarlo para nada… Y usted es su ventana –El asado estaba bien cocido… (El Pastor desaparece en la cocina)
G.M.: Bueno, de verdad que todo ha salido muy bien… Aun cuando debo confesar que yo esperaba una combinación un poco más cultivada, gracias al presumiblemente dominante efecto de los Genios Cumbre.
Jarra: Bueno, tus esperanzas estaban mal, Geniadij.
G.M.: Sí, eso debe de ser… Esperé mal… Eso suena como algo muy mío…
F.M.M.: Oh, vamos padre… hiciste lo mejor que pudiste.
G.M.: ¿De verdad lo crees?
F.M.M.: Pero por supuesto –lo has arreglado brillantemente. Bueno, ahora que pienso en ello- ¡Son tus dominios! (Un perico gigante aterriza en la percha) ¿Cómo voy a poder cocinar ésto?
G.M.: Doctor, ¿Cómo de grande es ese escudo de armas suyo? ¿Se da usted cuenta de que mi esposa podría cocinar algo un poco mas grande en él?
Jarra: ¡Un elefante, Geniadij, aún un elefante! Está en el recibidor, si usted no lo detesta, señor.
F.M.M.: Con mucho gusto lo lavaré doctor. ¡Y mañana cocinaré un monstruo! ¡Para todos!
G.M.: ¡Te quiero, Féma!
F.M.M.: ¡Yo también te quiero! (Se abrazan)
G.M.: Es como si empezáramos una nueva vida, madre.
F.M.M.: Yo siento lo mismo, padre… espero que sólo sea para nuestro bien… ¿Dejaremos caer los párpados?
G.M.: Seguro.
(La Jarra burbujea con turbio líquido mientras el Genio de la Mediocridad en su trinidad se prepara para saltar dentro de la Jarra con su Féma, las luces se van, esta obscuro, sonidos de música y burbujeo pero que permiten distinguir cuatro chapuzones. El Genio de la Mediocridad y su esposa han coronado sus esfuerzos para establecer el equilibrio universal. Las dos últimas oraciones de toda la farsa se escuchan saliendo de la Jarra)
Jarra: ¿Y ya escuchó el del negociador, señor?
Jarra (F.M.M.) No lo he escuchado, cuéntalo…

(Termina la música, cortina)

FIN DEL CUARTO ACTO


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